Logo Empresa

Noticia ampliada

Lazlo Almasy. El descubridor de la cueva de los nadadores.

05-10-2014 | Juan Pedro Ponce

  • 12481.jpg
Hoy os presentamos a uno de los mayores exploradores del Sahara. Es, si cabe, el que mayor proximidad tiene a nosotros, ya que fué de los primeros en utilizar el automóvil como medio de exploración y sus libros son todo un legado de técnicas de exploración y conducción en dunas.

Ladislaus Eduard Almásy o como a él le gustaba que le llamaran, el Conde Almásy, nació el 22 de agosto de 1895 en Bernstein, Hungría, en le seno de una familia aristocrática. Estudio Ingeniería y pronto convenció a sus jefes en la fabrica Steyr de que le enviaran a Egipto ya que era un prometedor mercado y ofrecía la posibilidad de probar en condiciones extremas sus automóviles. 
A la vez comenzó a buscar mecenas y periódicos que financiaran sus expediciones.
En 1926 recibe el encargo de el príncipe Antal Esterházy de organizar una expedición de caza por el norte de Sudán a la que siguió unos años más tarde la travesía de Mombasa a Alejandría realizando, sin saberlo, la primera transafricana por el este. El itinerario siguió la mítica “Ruta de los 40 días” la vía de 2000 kilómetros que separaban los mercados de esclavos del norte de África.
La ruta se podía seguir simplemente siguiendo los blanquecinos huesos de los desgraciados que habían sucumbido en la arena. 
A Almásy le acompañaban en esta ocasión el príncipe Liechtenstein y un cinematógrafo austriaco llamado Rudi Mayer que dejó constancia, con su película muda, de toda la travesía, incluido el gripaje y reparación del motor de unos de los coches en medio de la arena.


Aunque posteriormente fue acusado de espiar para el Reich alemán, en estos tiempos todo su afán era realizar viajes de exploración al interior del Sahara, sobre todo a las remotas zonas del norte de Sudan. Es apadrinado por el príncipe Kemal el Din, cuyo propósito de cartografiar todo Egipto le vino a Almasy como anillo al dedo y alterna sus viajes con los ingleses Sir Rover Clayton-East Clayton, Robert Bagnol y Patrick Clayton como con el alemán Hansjoachim von der Esch.
A la vez que evoluciona los Steyr para circular por la arena, comienza a realizar vuelos en pequeños aeroplanos. La combinación de los dos le permitía abrir nuevas rutas por zonas donde nunca nadie lo había hecho. 



Almásy siempre está dispuesto a una nueva aventura. En una de ellas intenta unir Alejandría con Hungría a bordo de una pequeña avioneta estrellándose en Siria al poco de partir, o agasaja a sus invitados en El Cairo con sus extravagantes vuelos rodeando las pirámides.
Acoge en su casa a los guías de caravanas que llegan a la ciudad, con el único propósito de interrogarlos sobre alguna zona del desierto del que provienen.
Habla cinco idiomas perfectamente, uno de ellos el árabe, más algunos dialectos lo que le permite ganarse la confianza de los habitantes de los oasis que terminan llamandole "el padre de las arenas". Estamos en plena época colonial, pero Almásy se escapa a los cánones típicos sintiéndose muy a gusto con los habitantes del desierto. Abandona los Steyr de las primeras exploraciones y comienza a viajar a bordo de un Ford A de 1933 evolucionado al máximo para sus aventuras. (Ver aquí)

 
Por ellos sabe de la existencia de algunos poblados, en el interior de Sahara en los que abundan el agua y que sus habitantes no tienen apenas contacto con el exterior salvo las caravanas de camellos que pasan por su proximidad.

Debido a esas leyendas, se propone encontrar los restos del ejercito del rey persa Cambises desaparecido en el 520 A.C. y cuyos 40.000 miembros fueron sepultados por una gran tormenta de arena según cuenta Heródoto.



Realiza la travesía desde el oasis de Jarga hasta el oasis de Siwa por el Gran Mar de Arena. A medio camino descubren que no tienen combustible para los dos coches por lo que traspasan de uno a otro y parte en busca de ayuda a través de una ruta que nunca nadie ha realizado. Del éxito de su ruta pende la vida de sus compañeros que le esperan junto al coche.

En el fuerte italiano no salen de su asombro al ver llegar a un coche con Almásy surcando las crestas de las dunas.
El Conde no encontró los restos de ejercito, pero si unos hitos de piedras levantados por ellos. 

Con la avioneta expedicionaria, "La Polilla", como la llamaban recorren todo el desierto de Libia y las zonas en blanco deL mapa. 
El avión se encargaba de buscar la ruta correcta por la que luego pasaban los coche cargados de combustible. Utilizando esa técnica consiguieron encontrar el paso a Gilf El Kabir, un macizo montañoso que se creía inaccesible y que todas las caravanas bordeaban. Este macizo, de una extensión mayor que Bélgica, está jalonado de valles inaccesibles unos de ellos con unas grutas que evidencian el pasado fértil de Sahara y en la que una de sus grutas encontró lo que posteriormente le daría fama mundial. Almásy lo llamó Uadi Sora o “Valle de las Imágenes”. El mundo lo conocería como “ La cueva de los nadadores”.

A la vuelta de unos de esos viajes, escuchó a un viejo guía de caravanas de la tribu Tibbu del Tibesti hablar de un oasis entre las montañas del acantilado (Gilf El Kabir) donde los pájaros cantan y la vegetación es exuberante. Sin saberlo, ese viejo estaba hablando del mítico oasis de Zarzura, el Oasis de los Pajarillos, el Uadi Abd El Melik del que ya se hablaba en “Las mil y una noches” y que exploradores de todos los tiempos habían buscado sin éxito.



Para desgracia de Almásy, fueron sus compañeros los que encontraron el paso primero, ya que él había ido en busca de gasolina al oasis de Kufra, aun así el descubrimiento pasaría a la historia como un logro suyo, pese a que el esplendor que se le atribuía desde siglos atrás, había desaparecido bajo la arena ardiente del Sahara. 

Eran tiempos convulsos y la II Guerra Mundial llegaba a los más recónditos lugares del globo. Los compañeros ingleses de Almásy Robert y Patrick Clayton se integran en el Long Range Desert Goup y a él en 1940 y a instancias del Afrikakorps se le pone al mando de un comando especial.
Gracias a su profundo conocimiento del desierto se dedica a pasar espías alemanes hacia El Cairo y Alejandría creando el desconcierto en los que fueron sus compañeros de aventura poco tiempo atrás. 
Muere de disentería 11 años más tarde.
 

Pincha en las fotos para ampliar

Suscríbase a nuestro boletín
Le mantendremos informado de nuestras últimas novedades ¡¡no lo pase por alto!!.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.