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Noticia ampliada

La última danza de guerra

08-11-2014 | Miquel Silvestre

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La iconografía motorizada estadounidense ha construido la leyenda de la Ruta 66, carretera abierta en 1926 que conectaba Chicago con Santa Mónica a lo largo de 3940 kilómetros. La vía sirvió para llevar inmigrantes al oeste durante la Gran Depresión y se hizo famosa gracias a un blues de finales de los cuarenta y a una serie de televisión en los sesenta. Había nacido el mito de la recta interminable, aunque la ruta desapareció en 1985.

Los Western han creado la leyenda de la conquista del oeste por pioneros anglosajones de carromato, sombrero Stetson y colt. Esa cinematográfica fábula supone un éxito de marketing popular a nivel planetario. Hasta a nosotros nos han hecho olvidar que las primeras exploraciones de Norteamérica se realizaron de costa a costa por algunos intrépidos españoles mucho antes del desembarco del Mayflower.

Existen, sin embargo, otras rutas y otras historias que ofrecen perspectivas diferentes y más interesantes para los españoles e hispanoamericanos. Itinerarios cargados de historia real, de épica, aventura y todo el sabor de la frontera. La ruta de Hernán Cortes desde La Antigua Veracruz, primer pueblo fundado en La Nueva España a orillas del Caribe, hasta Tenochtitlan. O del Camino Real de Tierra Adentro, que nos lleva desde México hasta Santa Fe, ya en los Estados Unidos, un itinerario de 2500 kilómetros declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.   

            

Hablamos del camino que llevó al salmantino Francisco Vázquez de Coronado a descubrir el Gran Cañón en 1540, o la que realizó Juan Bautista de Anza al atravesar por primera vez el desierto del Colorado para llegar por tierra a California y fundar San Francisco; o de las bellísimas rutas que unen las misiones franciscanas y jesuíticas en la Alta y Baja California, península que separa el mar de Cortés del océano Pacífico.

La Última Danza de Guerra es el nuevo proyecto de Silver Rider. Una Road Show documental que mostrará la realidad actual del Oeste Norteamericano y la complejidad y color del México menos conocido. Lo haremos través de un recorrido en motocicleta que servirá para visitar los enclaves más vinculados con la historia de España en esas tierras extremas, en territorios aún salvajes donde la inmensidad se confunde con la epopeya. Presidios militares y misiones evangélicas dibujan un genuino mapa de conflictos y treguas, de mestizaje, encuentro y comercio, de paz y de violencia.

Hemos elegido el nombre para recordar la caída de Tenochtitlan pero sobre todo la última gran revuelta indígena en Norteamérica contra la presencia española. La sublevación de los Indios Pueblo de 1680, que hizo retroceder la frontera de la colonización hasta la ciudad tejana de El Paso, donde se yergue la estatua ecuestre más grande del mundo dedicada a Juan de Oñate, el último conquistador, encargado de pacificar Nuevo México.

A partir de tan temprana fecha, la relación entre españoles y indígenas norteamericanos se tornó pacífica y de mutuo respeto, basada en la evangelización y el intercambio. Si hoy quedan comunidades nativas en los Estados Unidos es porque España mantuvo el poder sobre California, Tejas, Arizona, Nuevo México, Luisiana y Florida hasta el siglo XIX, mucho después de que las provincias anglosajonas lograsen la independencia de Inglaterra y exterminasen a los pueblos originarios.

Esa es la historia que no han contado los westerns y que ahora vamos a contar en directo en la web de RTVE hasta que regresemos y podamos montar una serie completa que sea la 2ª parte de Diario de un Nómada.

Bienvenidos a la Última Danza de Guerra.