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Noticia ampliada

Los hoteles más sucios del mundo ¿Cómo vamos a dormir ahí?

11-02-2015 | Redacción

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Hace unos años el portal TripAdvisor publicaba un ranking con los hoteles más sucios por continente. Debido a las quejas que recibieron por parte de los hosteleros, el portal decidió dejar de publicarlo. Nosotros hemos querido hacer nuestra pequeña selección en versión overlander. Nos es una encuesta, ni un muestreo, ni lo pretende, simplemente hemos invitado a varios de nuestros viajeros a que nos cuenten como ha sido su experiencia en esa otra cara de los viajes que tarde o temprano te toca sufrir. Si eres escrupuloso mejor no sigas leyendo.

Un antro, dos moteros y un puñado de insectos.
Está atardeciendo y para llegar a Astrakán nos quedan más de doscientos kilómetros. Comenzamos a mirar sitios donde acampar, por un lado porque no queremos que se nos haga de noche en la carretera y por otro porque tenemos muy pocos rublos y no hay donde cambiar dinero. Hay muchos ríos y canales de riego que cruzan esta carretera rusa, así que comienzo a mirar alguno donde podamos acampar y de paso darnos un baño.

En la carretera nos indican que hay una especie de hostal de mala muerte al pie de la carretera a unos treinta kilómetros. Como estamos cerca decidimos ir al encuentro y dejar la acampada para otro momento. Llegamos al hostal. Está perdido en medio de la carretera. No hay ninguna población cercana a varios kilómetros a la redonda, sin nada alrededor, sólo tierra, arena y pequeñas montañas y, efectivamente, cumple al dedillo la definición de «antro de mala muerte»

-Esto es la versión cutre de abierto hasta el amanecer - comenta mi compañero de viaje nada más verlo.

-Killoooo... Como esta noche haga viento, esto se nos cae encima a pedazos – le contesto.

El local es un edificio de planta baja pintado de varios colores diferentes. La fachada es de ladrillo, el resto es de madera forrada de papel (por no decir planchas de plástico). Nos ofrecen guardar las motos en la parte trasera de la casa donde tienen un patio con una valla de madera y el típico perro porculero, de ésos que sólo se alzan medio palmo del suelo y no paran de ladrar.

Entramos por una diminuta puerta de entrada por la que mi compañero de viaje casi no cabe. Ya en el interior nos encontramos unas mesas y una pequeña barra. Junto a la pared hay unas peceras con el agua verde y los cristales llenos de mierda. Y sí señores, había peces y lo peor... Aún estaban vivos.

Pasamos a ver nuestra «suite», entramos en el estrecho pasillo e inmediatamente pienso: «Ojú... Lo que nos vamos a encontrar dentro». Sólo tienen dos habitaciones y todas con varias camas. 

La habitación tiene cuatro camas con una colcha con polvo de algunos lustros y una televisión que se encendió por última vez en tiempos de Lenin. Todas las tuberías están a la vista con enredaderas de plástico a modo de adorno, el suelo es de tablas de madera cubierto con unas losetas de plástico a cual más coja, y las paredes tablas de madera empapeladas.

Al soltar las cosas nos damos cuenta que tenemos una habitación compartida con insectos voladores variados y alguna que otra cucaracha que, seguramente por timidez, huye a esconderse debajo de una cama al vernos llegar. Cuando estamos en silencio podemos escuchar corretear algo por las tablas del techo. Suponemos que, una de dos, o son ratones o son cucarachas como castillos.

El caso es que así a simple vista, el lugar no parece que esté tan mal...hasta da el pego, pero al apoyarte en la pared y ver (o escuchar) a la fauna local, ya cambia la cosa...

Hacía años que no dormía en un sitio tan...«elegante».

Ya instalados, me armo de valor, me coloco las chanclas y voy a pegarme una ducha. Entro en el cuarto de baño y veo que lo ha pintado Ágata Ruiz de la Prada: cada pared es de un color (amarillo, naranja, azul…). Al menos hay algo de alegría en este sitio, se ve que les sobró pintura de la fachada.

El váter está un lado y en el otro la ducha, con una alcachofa en el techo y un largo grifo casi a la altura del pecho, perfecto para quitarte las pelusas del ombligo, y una cortinilla de plástico con más mierda que el rabo de una vaca. Las tuberías y el agua huelen mal, más que ducharme me da la sensación que me estoy ensuciando aún más. A parte, esto se encharca que es un gusto y el agua me llega a los tobillos, menos mal que los remilgos y la delicadeza me los dejé al salir de casa y me quedo con el lado bueno de las cosas: al menos salgo fresquito de la ducha.

Pasado este trance vamos a cenar. Será la primera comida sólida en todo el día. Para variar, la carta está en cirílico y no la entendemos, por lo que decido pedir con el dedo, señalando lo que come un matrimonio de ancianos que hay en la mesa de al lado que parece que tiene buena pinta. Menos mal que el cutrerío del sitio es proporcional a lo bien que se come. Cenamos una especie de filete ruso con salsa, acompañados con pasta que nos supo a gloria.

Mientras comemos, aprovechamos para echar un ojo a la ruta de mañana. Ya con el estómago lleno nos fuimos a la cama a dormir, en este lugar no hay otra cosa que hacer. Al entrar en la habitación vemos un par de visitantes dándose un paseo por el fondo de la habitación y escondiéndose en una grieta del suelo. «Pfff.... Verás tú qué noche vamos a pasar». 

Saco unos adhesivos de repelente de insectos para la ropa y los pego alrededor de la cama y en el cabecero, mientras mi compañero me dice:

-Tío, que exagerado eres.

A los escasos segundos, comenzamos a escuchar ruidos en el techo, primero tímidamente, pero poco a poco parece que se vá ambientando el «after». Seguidamente escucho:

-Manué... ¿Te quedan más pegatinas de ésas?. Dame unas pocas.

Ponemos los sacos de dormir en las camas, nos echamos también el spray repelente y hacemos una porra a ver a quien le picarán más insectos, apagamos la luz y poco a poco nos vamos durmiendo con el suave sonido de las carreras de los bichos por techo de fondo.

A las seis y media ya estamos en pie y, aunque parezca mentira, estamos enteros y tenemos todos los dedos: no nos han comido los bichos. Recogemos las cosas, cargamos las motos, le damos un par de buches a la botella de agua a modo de desayuno y nos marchamos de este idílico lugar que permanecerá en mi memoria eternamente".

Manuel Medina. Extracto del libro "Diario de un Mosquito."

Le hemos pedido a algunos de nuestros trotamundos más ilustres que nos contaran cual ha sido su experiencia más exótica y estas son algunas de las repuestas: 

Alicia Sornosa. Primera hispana en dar la vuelta al mundo en moto.

Lord Hotel- Jartúm- Sudán Como los hoteles cures africanos, deja muchísimo que desear, las "camas" cuentan con un pequeño colchón y unas telas sucias por encima. Los baños son compartidos. Hay una habitación con baño dentro, que se resume en un agujero, un lavado que es ducha y un mugriento espejo en el que nada se refleja. 
 

Hotel Kilopatra- Asuán-Sudán Todo el que acabe o empiece su viaje por África en esta población a orillas del Nilo (paso obligatorio para llegar o desde Egipto) encontrará baños compartidos nada limpios, habitaciones sin cristales en las ventanas (un día se coló un gato por la noche para robar comida y casi me da algo) y un "staff" de lo menos colaborador.
 

Hotel Holland- Addis Abeba-Etiopía. Que no te cuenten cuentos, este supuesto hotel para viajeros está lleno de pulgas, las habitaciones son húmedas y sucias y las duchas comunes no tienen agua caliente. La electricidad falla más que una escopeta de feria y en el supuesto restaurante, que es una terraza con sillas de plástico, los gatos no te dejan comer tranquilo. Parece que es de un holandés que nunca está, yo creo que se fue y así se quedó el hotel desde ese día.

Pablo Rey. Viajeros4x4x4

Camping Copto de Luxor, Egipto.

En África hay ciertos hostales que no aparecen nunca en las guías porque solo son utilizados por los locales.  Llegamos uno o dos días después del año nuevo copto y el lugar parecía completamente arrasado. Vasos y platos de plástico volando sin control, los techos de paja agujereados y un fuego a dos metros de una tele encendida. El error fue pagar antes de revisar los baños, inundados, que rebosaban de mierda de todos los colores y tamaños. 

Algún hostal de Gondar, Etiopía, donde nos llenamos de pulgas.  Fue tremendo. Solo nos liberamos de ellas cuando nos juntamos a viajar unos días con irlandés y un alemán fortachón. Se fueron con ellos, su sangre estaría más rica, estarían mejor alimentados que nosotros... 

Yo también incluiría alguno de los barcos de carga en los que viajamos, donde las cucarachas nos despertaban por la noche cuando nos caminaban por el pecho... 

Hostal local en Loyangalani, oeste del Lago Turkana. Fuera de los caminos turísticos de Kenia hay hoteles que normalmente solo son utilizados por locales de paso. Son tremendamente sencillos, de colchones hundidos y baños de pozo (pozo-pozo, me refiero) que son utilizados por los viajeros que se ven obligados a esperar el próximo matatu, al día siguiente. Nunca aparecen en las guías, y eso que los más atrevidos les ponen de nombre 'Sheraton', por ejemplo. Este estaba en Lonyangalani, al oeste del Lago Turkana, donde llegamos en transporte público buscando una vía alternativa para llegar al Parque Nacional de Sibiloi, donde se había quedado nuestra furgo 4x4 con el motor roto.

Manuel Medina. Aventureros Solidarios.

Casa particular en ARAL (Kazajistán)
Motivo: a parte de lo lujoso del lugar, dormimos en el suelo, en un fino colchón de dos dedos de grosor, con alfombras y muebles polvorientos, rodeados de moscas, pieles de zorro secándose y utilizamos un servicio de lo de lujo (con silla y todo)

Pensión o hostal de carretera cerca de Matay (Kazajistán)
Habitación con puerta sin pestillo, armarios sin puertas, cajones que no cerraban, alfombra con mierda de lustros, planta baja era el bar y las habitaciones estaban en un 1 primer piso, se subía por una escalera a la que a parte que se movía, le faltaban escalones.

El hotel de la carretera cerca de Tsagan Aman (Rusia)
Motivo: aunque parecia que estaba bien, las paredes se movían y estaba infectado de insectos y demás fauna local.
El agua de la ducha apestaba. Para nuestra sorpresa, se comía muy bien.

Tao García. West Transafrica.

En los hoteles me ha pasado de todo, pero si cada vez que me acuerdo de lo lamentable que me suponen los hoteles, quiero recordar uno en Luanda, Angola, (no recuerdo su nombre, se decía que buen hotel), un hotel que no tenía puertas en las habitaciones (los vecinos de la habitación de enfrente, los veíamos y ellos nos veían) nuestros enseres de día no se podían dejas allí y el baño estaba dentro de la habitación (sin puerta), con lo que eran las necesidades de cada uno las teníamos que haces de noche o cuando no había nadie, imaginaos  que éramos seis personas tanto hombre como mujeres.

Imágenes: Alicia Sornosa, Manuel Medina, Juan Pedro Ponce, Legión Land Rover, Pablo Rey.

¿Cual es el peor sitio donde has dormido? Puedes dejarnos tus candidatos en los comentarios de Facebook al final de la página.

 

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