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Noticia ampliada

De Estambul a la Capadocia en moto

01-10-2015 | Redacción

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Nuestro colaborador Manuel Medina se ha escapado junto a su compañero de viajes, Javier Pitino hasta la enigmática Capadocia, en Turquía, a bordo de sus monturas. Esta es la historia de la última parte del viaje.

Estambul. 11 de la mañana.

Tras la fotos de rigor con las motos en la mezquita Azul y Santa Sofía, abandonamos la ciudad, no sin antes callejear un poco en un tráfico de locos, donde las normas de circulación son una simple anécdota. Conseguimos llegar al puente que separa ambos continentes. Lo cruzamos entrando oficialmente en Asia y nos alejamos de la ciudad.

Salimos de Estambul por una autovía y cuando ya consideramos que estamos alejados de la civilización, decidimos meternos por la primera salida que encontramos y seguir por carreteras rurales.

Llegamos a una zona donde hay un Parque Natural con una carretera sinuosa que se mete entre las montañas, decidimos tirar por aquí. El paisaje es muy bonito y está todo arbolado. Aunque hace calor, con la sombra de los árboles no se nota tanto.
La carretera está en mal estado pero se va bien. Hacemos una parada para comer, nos hacemos unos bocadillos de chorizo y seguimos el viaje.

A los pocos kilómetros dejamos atrás la parte arbolada y llegamos a una zona de obras, están alquitranando la carretera. Vamos frenando para preguntar al operario que vía alternativa tenemos que pillar, pero antes de detenernos, el muchacho nos hace señales para que continuemos... ¿por encima del alquitrán recién puesto?. Pues nada, a joderos la carretera.
Comienza a saltar gravilla, a apestar a petroleo y notamos en las piernas el calor que desprende la carretera recién alquitranada. Está la cosa como para caerse aquí. Recorremos varios kilómetros así hasta que la carretera desaparece y se convierte en una pista de tierra y piedras, que recorremos durante más de 15 kilómetros.

Volvemos a salir a una carretera asfaltada y llegamos a un diminuto pueblo, paramos a echar gasolina en la entrada de este.

Javi: -“Vamos a parar a tomar algo, que estoy muerto de sed y de paso descansamos el culo 5 minutos”

Manuel: - “Vale, nos metemos en el pueblo y nos sentamos en cualquier sitio”.

Entramos en el pueblo, y nada más hacerlo paramos en un cruce y nos grita un señor desde la puerta de una tienda: -“¿té? Queréis un té?” y hace gestos para que bajemos de las motos.

Nos bajamos y el señor nos dice que nos sentemos en una mesa que hay junto a su tienda, en la que ya hay un muchacho sentado, nos acercan unas sillas y nos sentamos, mientras él agarra otra silla y se sienta con nosotros.

Javi: - “Nos tomamos un te 10 minutos y nos vamos...eh”
Manuel: - “Jajaja, eso no te lo crees ni tu, aquí nos tendrán liados una hora...ya verás”

A los pocos segundos aparece un muchacho con 3 vasos de te, nuestro anfitrión saca unas galletas y comienza la charla mezclando idiomas, gestos y sonidos. Poco a poco se va uniendo a la mesa la gente del pueblo. Llega un momento que le dicen algo al anfitrión, se levanta, se asoma a la esquina y grita a voces... “Doctor, españoles”, y se une a la mesa el médico del pueblo, un señor con pinta de estar a punto de jubilarse que chapurrea algo de ingles.

¿De donde sois?,¿cual es vuestra profesión?, ¿a donde vais?,¿por donde habéis venido?, ¿cuanto cuestan las motos?,¿como es la situación económica de España?,¿cual es el sueldo medio de España?,¿es verdad que hay crisis como en Grecia?, etc.

Siempre que paramos, suelen ser las mismas preguntas. Todo el mundo quiere saber que hay al otro lado de su frontera y como está la cosa.

Ya llevamos media hora de conversación y dos vasos de té por cabeza. Creo que hay mas gente en nuestra mesa que en el resto del pueblo. Nos presentan al panadero, un chico joven que tras la presentación se marcha y regresa a los pocos minutos con un gran pan recién hecho para que comamos y nos lo llevemos para el camino.

Nos explican por donde tenemos que seguir el camino y hasta nos pintan un mapa. Entre una cosa y otra se nos ha hecho demasiado tarde y tenemos que marcharnos, que como sigamos aquí más, corremos el riesgo de que nos obliguen a quedarnos aquí a dormir. Explicamos que tenemos que seguir la ruta, le decimos que cuanto tenemos que pagar por el té y el pan. Nos dicen que nada, que estamos invitados (hospitalidad turca) nos despedimos de esta gente tan amable y seguimos nuestro camino.

Salimos del pueblo, avanzamos unos kilómetros por una carretera estrecha hasta llegar a una aldea fantasma, las casas son de madera viejas, mal conservadas y aunque se observa un mínimo de señales de civilización, no hay nadie por la calle, ni personas ni animales. Pasamos de largo este lugar, continuamos el viaje y al llegar a un cruce de carreteras paramos para decidir que hacemos.

Al parar vemos que tenemos lleno del alquitrán y gravilla los baúles, muchas piezas de la moto y para colmo, la matrícula no se ve. Con agua y toallitas húmedas limpiamos un poco lo que podemos (la matrícula, la cerradura de los baúles y top case, y poco más). Por la hora que es decidimos ir hasta Polatle, es la ciudad o pueblo grande más cercano y no queda muy lejos, suponemos que en un par de horas máximo llegaremos, aunque iremos mirando si hay algún sitio para acampar.

El camino hasta Polatle no tiene nada que destacar, solo carretera, campos sembrados y escasos árboles. Lo que es la “Ley de Murphy”, ha sido decir lo de acampar y desaparecer los árboles, montañas o cualquier cosa donde podamos plantar la tienda discretamente.

A la salida de un pueblo vemos un río y una zona arbolada con muy buena pinta. Nos acercamos para ver si podemos plantar allí las tiendas pero, al parar la moto y abrir la pantalla del casco: - “¡¡Pppppfff... killooo, que pestazoooo”. El agua del río apesta tela, es inaguantable. Nuestro gozo en un pozo.

Seguimos el viaje durante unos kilómetros más hasta llegar a la ciudad.
Nada mas entrar, preguntamos a un peatón pos un sitio barato para dormir. Lo hacemos en ingles y este nos suelta una retaila en turco, el señor es muy amable y nos repite las cosas un par de veces para que nos enteremos bien, pero claro...en turco.

J: - “...Que? Te has enterado...no, Manuel?”
M - “Aaaaro...muy clarito todo, po ná...pa´lante que seguimo

Callejeando y preguntando llegamos a un hotel y nada mas parar junto a la acera, sale el muchacho para decirnos si buscamos habitaciones, le decimos que si, pero algo barato, que no tenemos dinero. Nos contesta: “ok, ok....buen precio y buena habitación”

Entramos y dos ofrece dos opciones, la primera, la más barata, es una estrecha habitación en la que hay un baño y dos camas pequeñas, si soltamos las bolsas y las cosas dentro, casi no cabríamos y Javi, seguramente con lo largo que es, le asomarían los pies por el borde de la cama. La segunda opción es una mas grande, son dos habitaciones independientes dentro de una, dada una con una cama grande, un baño común y mucho mas espacio. La diferencia al cambio serían unos 4 euros más... Pillamos la grande. Ya de paso le preguntamos si tienen cerveza y nos dicen que si, en el minibar hay cervezas....¡olé que arte!

Soltamos los tiestos, nos pegamos una ducha, lavamos la ropa y la tendemos en la ventana y nos bajamos a estirar las piernas y dar una vuelta. Cenamos en una especie de restaurante de comida rápida turca y de vuelta al hotel a tomarnos algo en la terraza que tienen.
Esta ciudad se ve que, aunque es musulmana, se ve mas abierta y hay muchachas por la noche tomando algo en las terrazas, cosa que nos llamó la atención, tanto esto como que los grupos de gente eran de hombres o de mujeres, no se mezclaban, cosas de otras culturas, ellos se lo pierden.

Llegamos a la terraza y viene al recibirnos el mismo que nos atendió en el hotel, le preguntamos si podemos tomar una cerveza y nos dice que si pero, que tenemos que tomarla dentro en la parte de arriba de la terraza. Vale, no hay problema. Subimos la escalera y nos sentamos junto a los amplios ventanales observando la plaza, se acerca el muchacho y nos trae las cervezas servidas en dos vasos de plástico de medio litro de una conocida marca de refrescos. Nos explica que es para que la gente no vea que hay cerveza y evitar problemas.

Nos tomamos un par de cervezas, la tercera no la pedimos para evitarle quebraderos de cabeza al muchacho, nos fuimos a la habitación a tomar la última y a dormir. Nos levantamos temprano, desayunamos y salimos dirección a Capadocia, continuando nuestro viaje por carreteras secundarias. De camino a este lugar está el lago salado de Tüz Golü, así que pararemos a hacerle una visita y sacar algunas fotos.

Atravesamos un pequeño pueblo, seguimos la carretera y llegamos a un cruce. Como no sabemos donde ir, sacamos el mapa para orientarnos.

J: -“¿para la derecha o la izquierda?”
M: -“Mmmmm.......pues ni idea”

J: -“Tu dirás para donde, mira a ver”

M: -“Tio, ni puta idea... vamos es que no se ni donde estamos”
J: -“Pero que dices....”
M: -“A ver, estamos mas o menos aquí.....”
J: -“¿pero si aquí no hay carreteras?
M: -“Por eso te digo.... que esta carretera no sale en el mapa”
J: -“¿Qué dices? Como no va a salir? A ver... Anda, pues es verdad”

El lugar donde estamos lo tenemos mas o menos ubicado por unas montañas y por el pueblo que pasados anteriormente, pero ahora estamos en un cruce una carretera que “no existe” y venimos por una, que tampoco “existe”. Miramos y remiramos el mapa, y a los pocos segundos damos respuesta a este misterio.

M: -“Jajajaja” (ataque de risa).... mira la fecha del mapa, es de 1996. Jajajajajaja”
J: -”Jajajajaja......normal que no salga la carretera, aún no la habrían hecho”

(Mejor no preguntar de donde hemos sacado el mapa de Turquía).

Una vez averiguado el misterio de la carretera, tenemos que valorar a donde ir. Decidimos elegir la ruta de una forma científica, siguiendo los criterios lógicos mas sensatos, por lo que aplicamos un sistema que ya empleaban los viajeros en la antigua Grecia: Miramos la orientación de las montañas, observamos la inclinación de los árboles para saber la dirección del viento predominante, y ...

-“Cara a la izquierda, cruz a la derecha”
- “Ha salido cara...!! tiramos a la izquierda.


Nos ponemos los guantes mientras vemos que se acerca un tractor, al llegar a nuestra altura se para y nos pregunta que a donde vamos, le decimos donde queremos ir y efectivamente... ¡¡es por la izquierda!!

-“Ves como el sistema este nunca falla, jajaja”
- “Ya veo ya, eficacia al 100%, no falla, no falla”

Entre una cosa y otra, conseguimos llegar a la carretera que bordea el lago, justo cuando se me enciende la luz de reserva de gasolina. La carretera es de 4 carriles, dos para cada sentido, y hay mucho tráfico, sobre todo de camiones. Paramos en la primera que vemos, sale el gasolinero y nos dice que no, que solo es gasolina para tractores y camiones. A lo lejos se ve otra, así que probaremos allí. Llegamos a esta y lo mismo, es gasolina para camiones o tractores, no tienen 95. Pfff...menuda putada. Pues nada, seguimos hasta la siguiente. En esta zona se ve que hay muchas gasolineras, pero en todas nos dicen lo mismo.

Vemos un acceso a la orilla del lago y decidimos bajar para sacar una fotos. Aparcamos las motos, nos acercamos caminando y nos metemos dentro de al parte seca del lago.
La superficie seca tiene una capa superior dura, mezcla de tierra y sal, bajo esta ya hay barro. La capa seca será de unos 3 ó 4 dedos de grosor y vemos rodadas de vehículos por dentro del lago salado. Así que nos miramos y decimos: - “¿nos metemos dentro con las motos?”

No hay más que hablar, dicho y hecho, subimos a por las motos y decidimos meternos en el lago para recorrer su interior (la parte seca) y de paso sacar alguna foto, que seguro que sale alguna chula.
Entramos sin problemas y comenzamos a circular dirigiéndonos al interior del lago. Parece que la capa seca resiste, vamos perdiendo el miedo a quedarnos pillados y continuamos avanzando haciendo círculos y alejándonos de la orilla. Llega un momento en el que vemos que las ruedas comienzan a enterrarse un poco, así que por prudencia decidimos dar la vuelta, pero antes nos haremos unas fotos.
Paro la moto, le coloco la pata y hay suerte, se hunde un poco en el barro pero aguanta, me bajo y veo que sin problemas aguanta el peso y no se cae. Javi hace la misma operación, pero al poner la pata se le hunde en el barro y comienza a volcarse la moto, su pata hace que quede más inclinada la moto que la mía, por lo que la gravedad hace su trabajo. Tras varios intentos vemos que es imposible.

Le sujeto la moto mientras se baja y se hace la fotos aguantando la moto, ya que si la suelta, se le hunde y se le caerá. Como esto ocurra no quiero ni pensar la que liaremos para levantarla. Hacemos una sesión de fotos y en una de estas, me acerco a mi moto, que en todo momento ha estado en un perfecto equilibrio, y cuando estoy a escasos dos metros de esta veo como comienza a moverse y a volcarse. Se ve que el barro seco no ha aguantado mas.
Pego una carrera y me da tiempo llegar a lo justo para que la moto no caiga completamente y la aguantar la moto en peso, sin que el manillar llegue a tocar el suelo.

Ahora estamos en una situación de esas absurdas... estoy aguantando la moto en peso, a duras penas, haciendo palanca con la rodilla y resto del cuerpo, si termina de caerse y el manillar se clava en el barro, no podré sacarla yo solo con todo el peso que tiene.
Mientras, Javi está escasos 5 metros, sujetando su moto, sin poder ayudarme, ya que si la suelta, la suya también irá al suelo y estaríamos los dos en la misma situación...

¡¡EA!!, esto nos pasa por listos.

Me giro como puedo, pongo mi espalda contra el sillín, y con dificultad consigo levantar la moto..... pppfffff. Con la pierna le quito los pegotes de barro a la pata, la muevo unos metros y la coloco despacio, hay suerte y se aguanta. Cojo un poco de aire y descanso unos segundos.

J: -“Como que nos vamos saliendo ya del lago, no?...nos hacemos fotos cerca de la orilla”

M. -“Pa mi que si, mejor vamos saliendo”

Enfilamos la orilla y vamos regresando sobre nuestras rodadas, que sabemos que por aquí, no se nos vana enterrar las motos. Llegamos a la orilla, limpiamos un poco las motos, descansamos unos minutos mientras nos sacan unas fotos un grupo de turistas que quiere tener un recuerdo con dos motoristas de lejanas tierras.

Continuamos el camino y vemos un cartel que indica que la próxima población está a unos 27 kilómetros.

J: -“¿Como vas de gasolina?”
M: -“Esto dice que tengo para hacer unos 35km, paso a velocidad absurda...(70km/h)”

Vemos una gasolinera, pero está al otro lado de la especie de autovía por la que circulamos. Paro la moto en el arcén y la cruzo andando para preguntar si venden a los simples mortales. Pues no...seguimos igual que antes, esta ya es la 5 gasolinera que me dice lo mismo. Al menos me explica que la siguiente si hay gasolina para vehículos normales, así que nada, me vuelvo por donde he venido. Hay que mirar el lado bueno de las cosas, me libro de hacer una “pirula” en medio de esta carretera de 4 carriles, aunque claro, esas cosas para la gente de aquí sería de lo más normal. A unos pocos kilómetros, aparece mi salvación a modo de gasolinera.

Continuamos el viaje sin nada que destacar, hasta que enfilamos la carretera que nos lleva directos a Nevsehir. Como vamos con tiempo, deciddimos desviarnos al pueblo de Derinkuyu, para ver su ciudad subterranea.

Llegamos al lugar, nos bajamos de las motos mientras las vendedoras de los puestos quieren hacernos un buen precio por una muñeca horrible y unas piedras del lugar, decidimos mejor tomarnos un té, así que nos sentamos en el primer sitio que vemos, que está justo al lado de la moto y pedimos un par. En segundos nos lo sirven y el gerente del lugar, como es habitual, nos da conversación.... “de donde venís, a donde vais, en la moto hace calor, que si mi hermana que vive en Alemania me ha dicho que tienen una ola de calor y están a 40ºC, etc..”
Se despide de nosotros y el segundo té nos lo tomamos con mas tranquilidad.
Ya descansados nos dirigimos a la entrada de la ciudad subterránea, que esta a unos escasos 500metros.



Sacamos el ticket y entramos en la ciudad, hablamos con uno de los guardias y nos hará de guía y explicará todo por 10 libras turcas. Al menos sabremos lo que estamos viendo.
El acceso a algunas salas hay que hacerlo en cunclillas y tenemos , Javi al ser mas alto que yo, tiene que ir con más cuidado para evitar ir dándose cabezos cada dos por tres (verás tu las agujetas que vamos a tener mañana). La ciudad subterránea es impresionante, solo de pensar que allí abajo han llegado a convivir en época de guerras miles de personas con sus animales (cabras,gallinas, vacas, caballos...). La verdad que es una visita que merece la pena.
 

Salimos ya por fin dirección a Nevsehir, al llegar, paramos en un supermercado y aprovechamos para comprar pan, fiambre, zumo, agua, frutos secos, refrescos y algo de fruta, unas cerezas y un melón.

Nos han dicho que merece la pena hacer acampada libre en la Capadocia, así que esa será nuestra intención, así que tenemos que ir con provisiones. Repartimos las cosas entre las dos motos, el melón lo engancho en la red atando la bolsa y hacemos una porra para ver si el melón llega entero o no.
Miramos la hora y ya vamos mal, está atardeciendo y tenemos que tratar de acampar con luz, y aún tenemos que buscar un sitio. Salimos disparados.

Llegamos al pueblo de Goreme, centro de la Capadocia. Es una zona muy turística, con muchos hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos. Salimos del pueblo por unas de sus calles buscando un sitio donde acampar, avanzamos hacia las afueras pero la cosa no nos convence, así que volvemos sobre nuestros pasos y tomamos otra de las salidas. Vemos una pista de tierra, nos metemos pero lleva a una zona cortada, volvemos atrás. Al rato vemos otra, nos metemos por un carril que nos lleva a una pequeña explanada con un montón de chavales dando vueltas con “quads” vehículos y coches con las ventanillas bajadas con la música a todo trapo.... pues va a ser que aquí tampoco. A por otro intento...

Llevamos así un buen rato, sin encontrar nada, debemos alejarnos aún más del pueblo. Entre una cosa y otra, se nos ha hecho tarde y aunque hay luz, el sol acaba de ponerse. Ya la situación se ha complicado y tenemos que encontrar un lugar discreto donde acampar lo antes posible, vamos contra reloj.

Rodeando el pueblo observamos una pista ancha de arena suelta que se dirige hacia el interior de la zona rocosa, decidimos tomarla a a ver si tenemos suerte y nos lleva a algún sitio donde podamos plantar la tienda. Avanzamos un poco, vamos alejándonos del pueblo hasta llegar a una gran explanada, está demasiado a la vista y es demasiado grande como para acampar con discreción, así que continuamos por la pista.

Esta comienzan estrecharse y aparecen sembrados a ambos lados, tras recorrer un buen trozo y pasada una curva, vemos que hay una bifurcación donde sale una segunda pista mas pequeña, y por lo que se ve, está poco transitada. Decidimos jugárnosla y meternos por aquí, avanzamos unos 300 metros y vemos que se divide en dos y nos encontramos con el dilema... ¿a la derecha o a la izquierda?.
La derecha vemos que se dirige a una zona montañosa y de rocas, y la izquierda continua por los sembrados. Nos decidimos por la derecha, nos metemos por esta y a medida que avanzamos, se va estrechando y aumentando la hierva de altura hasta que, tras una curva desaparece entre unos peñascos.

Manuel - “Pues no... va a ser que por aquí no se puede acampar”.
Javi: - “Pfff.... menuda putada, ya casi no se ve”.

Damos la vuelta, regresamos sobre nuestros pasos y al llegar a la bifurcación, tomamos esta vez la pista de la izquierda. Ya la cosa se ha puesto seria, ha oscurecido completamente y solo vemos lo que nos permite las luces de la moto. La pista serpentea mucho, entre las curvas, la arena y el hecho de no tener visibilidad, vamos muy despacio. A través de los intercomunicadores nos vamos avisando de los agujeros, raíces que sobresalen y agujeros en la pista.
Llegamos a una pequeña explanada, por lo que podemos ver con las luces de la moto y la linterna, parece un buen sitio, encendemos unos segundos las luces largas apuntando al fondo cada uno a una zona y vemos que estamos en un callejón sin salida, es un pequeño valle con forma de “C”, frente a nosotros tenemos un muro de piedras y montañas y el único acceso es por donde hemos entrado o por un pequeño hueco en uno de los laterales donde parece haber un estrecho camino entre la montaña. Pues nada, parece ser que, a lo tonto a lo tonto, hemos encontrado el lugar. Aquí plantaremos el campamento.

Javi: -“Este es el sito Manué, este es el sitio”
Manuel: -“Al menos discreto es, aquí no creo que nos moleste nadie”
Javi: -“Discreto total... con la que hemos liado para llegar"

Aparcamos las motos y nos aseguramos que están bien fijadas, para evitar sorpresas. Nos quitamos por fin el casco. Estamos empapados en sudor. Sacamos la bolsa estanca donde llevamos el material de acampada y antes de cambiarnos, montamos las tiendas. Personalmente estoy deseando quitarme la ropa de la moto y las botas, pero no me voy a poner a sacar ropa y bolsas sin tener la tienda colocada y a oscuras.
Antes de todo, saco el frontal del topcase, lo enciendo pero solo dura unos segundos.

Manuel: -“Jooooder, con el traqueteo que llevamos de viaje, se ve que algo le ha dado al botón y se ha quedado encendido, gastando las pilas que me quedaban”. 

Abro la bolsa donde llevo la navaja, y las cuatro cosas de urgencia . En ese momento caigo: “al final se nos olvidó comprar pilas nuevas”. Cojo una linterna de estas de dinamo que siempre llevo por si acaso y le pregunto a Javi si aún le quedan pilas.

Javi - “Negativo, las puestas son las últimas....tenemos que comprar”

Como a dos metros tengo la moto, le doy al contacto y se enciende la luz, la tapo un poco con la chaqueta para que no “cante” demasiado nuestra posición y, con un mínimo de luz voy montando la tienda. Llegado este punto os puedo confirmar que montar una tienda de campaña, en plena noche, con la luz de una linterna de dinamo, que cada dos por tres tienes que estar girando la manivela para recargarla, es un auténtico coñazo. Menos mal que la tienda me la conozco de memoria y no tardo demasiado, al finalizar, apago el contacto de la moto.

Comienzan a escucharse ladridos cerca. El eco del lugar y el silencio de la noche hacen que nos imaginemos un pedazo de perro con grandes colmillos acercándose hacia nosotros con las fauces babeando.
Javi: -“Killo... que el perro no deja de ladrar”

Manuel: - “Pues yo paso de levantar el campamento, ya se irá o se callará...”

A los pocos minutos, el animal se ve que se aburrió o se marchó a otro lugar. Mientras hemos ido sacado la bolsa de la ropa y nos hemos cambiado poniéndonos más cómodos.
Comienza a bajar la temperatura y estamos sudados, así que comenzamos a enfriarnos. Decidimos hacer una fogata para calentarnos un poco y de paso, iluminar un poco esto, que solo tenemos el frontal de mi compañero y mi linterna de dinamo.

Nos metemos entre los árboles, cada uno por un lado, para buscar uno que esté seco, ambos con nuestras respectivas navajas en la mano (verás tu lo que nos vamos a reír como nos salga el perro u otro animal). Javi me avisa, a unos 20 metros ha encontrado uno. Entre los dos le quitamos la corteza seca al tronco, cortamos algunas ramas. Hacemos un par de viajes y apilamos las ramas cerca del campamento.

Quitamos los baúles a las motos, los utilizaremos de mesa y silla para cenar y descansar un rato. Mientras Javi va sacando las cosas para la cena (pan, fiambre, agua...), voy avivando el fuego hasta conseguir una “candela” en condiciones, no muy grande para no llamar la atención, pero lo suficiente para calentarnos un poco e iluminar el campamento.
Nos sentamos cada uno en un baúl y nos vamos comiendo los bocadillos.
Llevaríamos ya 3 ó 4 bocados cuando de pronto, escuchamos: “Pum, pum... pum pum, pum, pum”. Se nos hiela la sangre, acaban de sonar primero 2 y después 4 disparos seguidos, el sonido proviene del camino por el que hemos venido, justo frente a nosotros. Javi y yo nos miramos unos segundos sin decir nada con los ojos como platos, hasta que mi compañero rompe el silencio.

Javi: -“killooo... ¿será un cazador?

Manuel: - “¿Una noche sin luna y tantos disparos seguidos?... no se que decirte”

Javi: -“¿Que hacemos?”
Manuel: - “No avives más el fuego y quita algunas ramas para no delatar que estamos aquí. Por cierto... ¿y mi navaja? Con tanto ir para arriba y para a

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